miércoles, 31 de agosto de 2011

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La historia ocurrió realmente en Brasil hace muchos años, lejos de las
ciudades, donde prevalecían las costumbres dictadas por un estricto
catolicismo. A los muchachos de buena familia se les enviaba a
internados regidos por los jesuítas, quienes hacían perdurar los severos
hábitos de la Edad Media. Los chicos dormían en camas de madera, se
levantaban al amanecer, iban a misa sin haber desayunado, se confesaban todos
los días, y eran vigilados y espiados constantemente. La atmósfera era austera e
inhibidora. Los sacerdotes comían aparte y creaban en torno a sí mismos un aura
de santidad en torno. Se mostraban parcos en gestos y palabras.