miércoles, 26 de agosto de 2015

#EbookRecomendado «El Heresiarca y Cia.» Guillaume Apollinaire























"En marzo de 1902 llegué a Praga. Venía de Dresde. Desde Bodenbach, donde se halla la aduana austríaca, las maneras de los empleados del ferrocarril me demostraron que la rigidez alemana no existe en el imperio de los Habsburgo. Cuando en la estación pregunté por el depósito de equipajes para dejar allí mi valija, un empleado me la quitó de las manos y, sacando de su bolsillo una papeleta muy ajada y grasienta, la partió en dos y me dio una mitad, recomendándome que la guardara cuidadosamente. Me aseguró que él, por su parte, haría lo mismo con la otra mitad, y que, haciendo coincidir las dos mitades de la papeleta, podría probar que era el propietario de la maleta cuando deseara reunirme con ella. Y me saludó, quitándose su desagradable quepí austríaco. A la salida de la estación Francisco José, luego de desembarazarme de los mozos de cordel, que con obsequiosidad muy italiana y en un alemán incomprensible me ofrecían sus servicios, me interné por las viejas calles en busca de un albergue al alcance de mi bolsillo de viajero poco rico. Según una costumbre bastante inconveniente pero muy cómoda cuando se desconoce totalmente una ciudad, interrogué a varios transeúntes. Para mi asombro, los cinco primeros no conocían una sola palabra de alemán y sólo hablaban el checo. El sexto me escuchó sonriente y me contestó en francés: —Señor, hable usted en francés; detestamos a los alemanes mucho más que los franceses. Odiamos a esa gente que quiere imponernos su idioma y se aprovecha de nuestra industria y de nuestro suelo, cuya fecundidad produce de todo: vino, carbón, piedras finas y metales preciosos, sí, todo, menos la sal. En Praga sólo se habla el checo, pero cuando usted hable en francés los que sepan responderle lo harán con alegría. Me señaló un hotel situado en una calle cuyo nombre se halla ortografiado de tal manera que se pronuncia Porjitz, y se alejó, reiterándome su simpatía hacia Francia.
"

#EbookRecomendado «Las 120 jornadas de de Sodoma» Marqués de Sade

"Las guerras considerables que Luis XIV tuvo que sostener durante su reinado, agotando el Tesoro del Estado y las facultades del pueblo, encontraron sin embargo el secreto de enriquecer a una enorme cantidad de sanguijuelas siempre al acecho de las calamidades públicas provocándolas en lugar de apaciguarlas, para poder sacar más ventajas. El final de ese reinado, tan sublime por otra parte, es acaso una de las épocas del imperio francés en que se vio el mayor número de estas fortunas oscuras que sólo brillan por un lujo y unas orgías tan secretas como ellas. En las postrimerías de dicho reinado y poco antes de que el regente hubiese tratado a través del famoso tribunal conocido por el nombre de Sala de Justicia de hacer restituir lo mal adquirido por esa tarifa de arrendadores de contribuciones, cuatro de ellos imaginaron la singular orgía de que hablaremos. Sería un error creer que sólo la plebe se había Ocupado de esta exacción, puesto que estaba acaudillada por tres grandes señores. El duque de Blangis y su hermano el obispo de..., que habían hecho inmensas fortunas, son pruebas incontestables de que la nobleza no desdeñaba más que los otros los medios de enriquecerse por este camino. Estos dos ilustres personajes, íntimamente ligados por los placeres y los negocios con el célebre Durcet y el presidente Curval, fueron los primeros que imaginaron la orgía cuya historia narramos, y tras comunicársela a esos dos amigos, los cuatro fueron los actores de los famosos desenfrenos. Desde hacía más de seis años estos cuatro libertinos, unidos por la similitud de sus riquezas y sus gustos, habían imaginado estrechar sus lazos mediante alianzas en las que el desenfreno tenía más parte que cualquier otro de los motivos que generalmente forman estos vínculos. He aquí cuáles habían sido sus arreglos: el duque de Blangis, viudo de tres esposas, de una de las cuales le quedaban dos hijas, habiendo advertido que el presidente Curval mostraba ciertos deseos de casarse con la mayor, a pesar de estar bien enterado de las familiaridades que el padre se había permitido can ella, el duque, digo, imaginó de pronto esta triple alianza"

martes, 25 de agosto de 2015

#EbookRecomendado «La hazaña de un Gossaín Hindú» H. P. Blavatsky



"En la India, como en la China, el Japón y en otras partes de Oriente, es innegable que existen juglares o prestidigitadores, algunos de los cuales superan en sus habilidades a cuanto conocemos aquí en Occidente. Pero estos juglares distan de alcanzar a realizar los prodigios que ejecutan los faquires, tales como el del crecimiento extraordinario del “mango”, descrito por el Dr. Carpenter en estos términos:
“La mayoría de los que han visitado la India aseguran que es verdaderamente la mayor maravilla que hasta ahora he visto. Que un robusto mango crezca casi de golpe hasta seis pulgadas de altura en un trozo de suelo lleno de hierba no manipulado ni visitado previamente por el faquir, pues de cubierto con un cestillo invertido, y que el mismo arbolito suba desde seis pulgadas hasta seis pies, bajo cestos cada vez mayores y en el intervalo de simple media hora, es cosa prodigiosa, que deja bien atrás a las más vistosas operaciones de juegos de manos de la mismísima médium feminista Miss Nidul”.



lunes, 24 de agosto de 2015

#EbookRecomendado

"En lo interior del África buscaba un joven viajero cierto pueblo en que a todos se hospedaba sin que diesen dinero: y con esta noticia que tenía se dejó atrás un día su equipaje y criado, y, yendo apresurado, sediento y caluroso, llegó a un bosque frondoso de palmas, cuyas sendas mal holladas sus pasos condujeron al pie de unas murallas elevadas donde sus ojos con placer leyeron, en diversos idiomas esculpido, un rótulo que había este sentido: Esta es la capital de Siempre-meta, país de afloja y aprieta, donde de balde goza y se mantiene todo el que a sus costumbres se conviene. "



jueves, 13 de agosto de 2015

Rashomon ♦ Ryunosuke Akutagawa


«Era un frío atardecer. Bajo Rashômon, el sirviente de un samurai esperaba que cesara la lluvia. No había nadie en el amplio portal. Sólo un grillo se posaba en una gruesa columna, cuya laca carmesí estaba resquebrajada en algunas partes. Situado Rashômon en la Avenida Sujaltu, era de suponer que algunas personas, como ciertas damas con el ichimegasa ¹ o nobles con elmomiebosh ², podrían guarecerse allí; pero al parecer no había nadie fuera del sirviente. Y era explicable, ya que en los últimos dos o tres años la ciudad de Kyoto había sufrido una larga serie de calamidades: terremotos, tifones, incendios y carestías la habían llevado a una completa desolación. Dicen los antiguos textos que la gente llegó a destruir las imágenes budistas y otros objetos del culto, y esos trozos de madera, laqueada y adornada con hojas de oro y plata, se vendían en las calles como leña. Ante semejante situación, resultaba natural que nadie se ocupara de restaurar Rashômon. Aprovechando la devastación del edificio, los zorros y otros animales instalaron sus madrigueras entre las ruinas; por su parte ladrones y malhechores no lo desdeñaron como refugio, hasta que finalmente se lo vio convertido en depósito de cadáveres anónimos. Nadie se acercaba por los alrededores al anochecer, más que nada por su aspecto sombrío y desolado. »